
Recuerdo muchas veces rechazar invitaciones de mi esposo, porque prefería quedarme en casa orando. Recuerdo también ocasiones en que lo juzgué e intenté cambiarlo porque “yo era mejor persona que él”.
Paradójicamente era la época en la que más mal estábamos como matrimonio.
De esa época aprendí que la espiritualidad sin amor no sirve de nada. La oración que sale de una boca que constantemente critica y juzga al otro, no sirve de nada. La religión sin Dios en el corazón, no sirve de nada.
Nuestra vida es tal vez la única Biblia que muchos lean, y nuestro matrimonio es el evangelio que verán nuestros hijos. ¿Tu matrimonio es la representación de lo que es el amor? La forma en que se aman, se sirven y se reconcilian entre sí, es un cuadro de cómo es Jesús.
No he vivido mucho, pero algo sé y es que no sirve de nada tener a Dios en nuestras palabras, si no está en nuestros hechos.
Nuestra vida como pareja debe ser tan inspiradora, que nuestros hijos no solo quieran amar a Dios con toda su alma, sino que también quieran llegar a tener un matrimonio como el nuestro.
