
A mis padres les debo la calidad de sueño que tengo.
Una semana atrás me acosté enojada dos días por una insignificancia y pasé unas noches terribles. Cuando decidí dejar de amargarme, dormí como un bebé.
Digo que a mis padres les debo la calidad de sueño, porque perdonarlo todo te permite irte a la cama con paz.
Nunca los vi teniendo rencor hacia otros. Nunca los escuché diciendo que odiaban a alguien, y si les pregunto por el nombre de sus enemigos, no tendrían nada que responderme.
En el libro Encambio se menciona que el modo en que nos comportamos como padres altera la química de los genes de nuestros hijos, provocando efectos a largo plazo en su comportamiento y temperamento.
Tengo una vecina cuyo esposo es frío y tosco hacia ella. Su hija le pide que se divorcie. Dice un proverbio africano que cuando dos elefantes se pelean, quien más sufre es la hierba que pisan.
Ahora piensa en un escenario diferente…
Donde su hija ve a un padre que le prepara una taza de café a su esposa antes de ir a trabajar.
Un padre que se arrodilla a orar antes de empezar el día.
Que toma de la mano a su mujer cuando salen al centro comercial.
Que le deja una nota de amor en el espejo del baño.
Un padre cuyos abrazos y elogios son abundantes.
Un padre que habla palabras que sanan.
¿Qué mejor regalo que darle un matrimonio de calidad a nuestros hijos?
Estar casados no es suficiente.
Necesitamos que nuestras casas sean una antesala del cielo,
un refugio de paz,
un lugar al que todos quieran llegar.
Tus hijos te observan.
Si necesitas una motivación para tratar a tu pareja con honra, respeto y ternura, encuéntrala en ellos.
Porque nuestros hijos aprenden al observarnos. Y en cada momento, elegimos:
- Mostramos gracia o nos aferramos a la amargura
“Yo también hubiera hecho lo mismo estando en tus zapatos. Todo va a estar bien.” - Pedimos perdón o damos excusas por nuestros errores
“Me equivoqué. ¿Me perdonas?” - Establecemos límites o aceptamos el irrespeto
“Por favor no me hables fuerte. No voy a aceptar ese comportamiento.” - Somos generosos con el afecto o fríos y distantes
“Abrázame 1 minuto más.” - Sabemos que nuestros hijos nos imitarán, así que… ¿a quién imitaremos nosotros?
“Imita a Dios en todo lo que hagas.” (Efesios 5:1) - Tomamos decisiones basados en la fe o en el miedo
“Es hora de comprar nuestra casa.” - Oramos o nos quejamos
“Gracias Dios, porque de esta crisis saldremos más FUERTES.” - Hacemos peticiones o callamos y nos llenamos de rencor
“Yo hago el almuerzo. ¿Puedes comprometerte a hacer la cena?” - Le prestamos nuestra mente a la alegría o la preocupación
“Qué bendecidos somos de tenernos.” - Elegimos ser amables o groseros
“Amor, no estoy de acuerdo con esa idea. Pero respeto tu decisión.” - Mostramos paciencia o impaciencia
“¿Te demoras 20 minutos más? Ok, yo te espero mientras leo.”
¿Te gustaría que tus hijos imiten tu manera de tratar a tu pareja?
Entonces, no esperes a que sea tarde. Hazlo hoy. Porque el amor también se hereda.
