
Las tareas de la casa son aburridas, y tal vez pienses que no recibes pago alguno por eso, pero puedo decirte que hay alguien que recompensa lo que haces de corazón. Inclusive dice en la Biblia que lo hagas todo como para Él.
¿Cómo cambiaría tu actitud de servicio si recibieras en tu casa a Jesús en persona durante un tiempo? Ese privilegio lo tuvieron muchos hace más de 2020 años.
Sé que le cocinarías la comida más exquisita, la casa estaría impecable y no lo dejarías ni tender la cama. Todo sin queja y con alegría.
Pues, la buena noticia es que Dios habita en cada persona que está en tu casa y cuando haces algo por ellos, lo haces para Dios.
Y entender esto cambia tu perspectiva, porque Él ve tu esfuerzo, Él ama tu sazón, a Él le encanta como barres los rincones que nadie ve, y aunque tu propia familia a veces no te de ni las gracias, Dios sí te recompensa. Él no pasa por alto nada que sea hecho con amor.
Si sientes que necesitas ayuda con estas tareas, o estás agobiado con tu trabajo, escribe una lista de las cosas por hacer, pégala en la nevera y comprométanse con amor a hacer cada uno su parte.
Porque ¿Cuántos problemas nos evitaríamos si entendiéramos que no es: “¿Te ayudo a lavar los platos?” sino “¿Nos ayudamos a lavar los platos?” porque, así como la casa es de los dos, las tareas de la casa son de los dos.
Lo mismo aplica para los solteros, ¿Qué tal si Dios no te ha dado esa pareja que sueñas, porque esperas a que tu mamá llegue del trabajo a cocinar? Como hijos tenemos la responsabilidad de hacer más de lo que se espera de nosotros y como padres tenemos la responsabilidad de enseñarle a nuestros hijos a servir. Porque servir es grandeza.
