9 cosas que me hubiera gustado saber antes de casarme

Hace poco estaba en una reunión del colegio de mi hijo.
Diagonal a mí, había una pareja. Ella no tenía cabello y estaba tomando electrolitos. Él todo el tiempo acariciaba su espalda y la miraba. En un momento ella tomó su mano y le dio un beso.

A pesar de su enfermedad ella tenía un buen semblante y sonreía.

A los días conversé con una amiga. Su esposo y ella estaban pasando por una crisis económica, y entre ellos no había afecto. Ella me habló de la soledad que sentía en casa. Y yo recordé con tristeza una época en que me sentía igual.

Ambas me dejaron pensando. La vida trae sus desafíos, pero qué importante es sentirte amado en medio de los momentos difíciles.

Tal vez sientas que ya no amas a tu pareja. La mayoría llegaremos a pensar lo mismo cuando se acaban los dos años de enamoramiento. Encuentra una razón para amarla. Y toma la decisión de hacer cosas por ella cada día.

El amor no es unas vacaciones en el exterior una vez al año. El amor es tener el cabello de tu pareja mientras vomita, es poner de tus ahorros mientras intenta conseguir empleo, es madrugar a alistar los niños para que ella pueda dormir media hora más, es el silencio y el abrazo fuerte cuando está llorando.
¿Ya hiciste sentir amada a tu pareja hoy?


  • Los chequeos de la relación son muy importantes
    El hecho de que no haya crisis, no quiere decir que el matrimonio esté bien.
    Muchas veces damos por sentado a la pareja y la descuidamos sin ser conscientes.
    Es muy sano tener chequeos con frecuencia y hacer preguntas como:
    ¿Qué estoy haciendo que te duela o te moleste?
  • Ser consciente de los propios errores puede ser el cambio que necesitas en tu matrimonio
    ¿Será que mi pareja no es afectuosa conmigo porque todo el tiempo le hablo fuerte o porque mi pasatiempo es criticarla?
    Si en terapia solo hablas de los defectos de tu pareja, pregúntate:
    “¿Me gustaría que mi hijo se casara con alguien como yo?”
    Si la respuesta es “no”, pregúntate:
    “¿Por qué?”
    Esa respuesta te puede mostrar lo que deberías cambiar.
  • Que la familiaridad no nos lleve a perder el respeto
    Nunca permitan comportamientos irrespetuosos.
    Establezcan límites que delineen dónde comienza y termina el respeto.
    No se griten.
    Cada vez que hacemos de la casa un campo de batalla, los soldados heridos son nuestros hijos.
    Desde hoy trata a tu pareja con la mayor cordialidad posible.
  • La crianza de los hijos es temporal, el matrimonio no
    Habrá años en que nuestros hijos necesitarán toda nuestra atención,
    pero no por eso debemos dejar en pausa el matrimonio.
    Lo ideal es que ambos se involucren en la crianza,
    sin descuidar las pequeñas conexiones diarias
    (como una conversación de 15 minutos antes de dormir) o una cita romántica por semana.
  • Hay una brecha entre la intención y la acción, y muchos matrimonios viven en esa brecha
    A veces esas pequeñas acciones diarias son las que más nos cuestan, pero son las más importantes.
    Algo tan simple como darle un beso a tu pareja antes de pararte de la cama puede marcar la diferencia en tu relación.
    Los juzgados están llenos de buenas intenciones. En la rutina de la vida no pierdas lo que más amas.
  • Aprende a pedir
    Crecimos en hogares donde estaba mal pedir, confrontar y decir “no”.
    Eso debe cambiar.
    Si hay algo que no te gusta en tu relación, exprésalo a tiempo.
    Háblale de tus sentimientos:
    “No me sentí bien cuando te conté mi problema y seguías viendo videos en tu celular.”
    Ambos somos maestros y cuando hacemos peticiones estamos guiando a nuestra pareja a amarnos mejor.
  • Una persona herida, va a herir
    ¿Recuerdas algo de tu pasado que tengas que sanar?
    Yo crecí con inseguridad y baja autoestima. Así que al matrimonio traje una maleta de celos y dependencia que casi acaba con mi relación los primeros años.
    Todos de alguna manera estamos rotos. Todos necesitamos sanar.
  • No le prestes oído a una persona que te habla de Dios, pero trata mal a su pareja
    Jesús dijo que seríamos conocidos por el amor.
    No por juzgar, criticar, ni gritar.
    Muchas personas no leen la Biblia, pero leen nuestra vida.
    Llenar de besos a tu pareja cuando llega a casa, cobijarla cuando tiene frío y hablar bien de ella todo el tiempo hace que el evangelio cobre sentido.
  • Regálate el “no”
    Muchas veces decimos “sí” a otros por pena o por quedar bien:
    “Voy a ayudar a Pablo con una tarea, no puedo acompañarte a la cita.”
    Cuando por decir “sí” a otros, no hay tiempo para nuestra pareja, la relación se debilita.
    Las actividades extras y los amigos son buenos siempre y cuando nuestra pareja no tenga que competir con ellos.

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