
El lunes hice una rutina de productividad con los hábitos que quería reforzar cada día. Mi esposo la vio y me dijo que me faltaba poner “orar”. Yo le respondí que orar en la mañana ya era parte esencial de mi vida y que no necesitaba ponerlo en esa hoja.
Luego me recordó que mi hijo y él faltaban en esa lista.
Así que añadí:
- Estudiar “Nacho lee” con Thiago
- Consentir a mi esposo
Dos hábitos que no tendrían que estar en una lista. Consentir a mi esposo debería ser parte de mi vida, al igual que orar. Y aun así, hay días que pasan sin recordarle que lo amo.
Pequeña cosa que hace una gran diferencia en tu matrimonio.
Tomado y adaptado de los libros La receta para el amor y Siete reglas de oro para vivir en pareja de John Gottman.
Uno de esos gestos pequeños —pero poderosos— es atender a las oportunidades de conexión.
Imagina que tu pareja está mirando el celular y dice:
“Wow, esta noticia es interesante”.
Eso se llama oportunidad de conexión. (Tu pareja reclama tu atención, afecto, sentido del humor o apoyo).
Y en ese momento, tienes varias opciones.
Estas son tus posibles respuestas:
- Atiendes: Levantas la mirada y dices: “¿Ah, sí? ¿De qué se trata?”
- Ignoras: Sigues escribiendo un correo electrónico y no despegas los ojos de la pantalla.
- Rechazas: Dices: “¡Cállate! ¿¡No ves que estoy tratando de trabajar!?”
Según el Dr. John Gottman, si dejas a un lado lo que estás haciendo y atiendes a esa oportunidad de conexión, ¡vas muy bien!
Las parejas que se divorciaron solo habían atendido las oportunidades de conexión un 33% de las veces.
Las parejas que se habían mantenido unidas habían atendido las oportunidades un 86% de las veces.
Por raro que parezca, la pasión crece cuando una pareja está en el supermercado y ella dice:
“¿Necesitamos aceite?”
Y el esposo contesta:
“No sé, pero voy a coger una botella, por si acaso”
en lugar de encogerse de hombros.
La pasión también crece cuando sabes que tu pareja está teniendo un día difícil en el trabajo y te tomas un minuto para dejarle un mensaje de ánimo en WhatsApp.
Se intensifica cuando tu pareja te dice una mañana:
“Tuve una pesadilla horrible”,
y tú contestas:
“Estoy apurado ahora, pero cuéntamela para que hablemos de ella más tarde”,
en vez de decir:
“No tengo tiempo”.
En estas situaciones, esposo y esposa eligen acercarse en lugar de distanciarse.
Hace años leí una frase con la que me identifiqué:
“Solía pensar que lo peor de la vida era terminar solo. No lo es.
Lo peor de la vida es terminar con alguien que te hace sentir solo”.
—Robin Williams
Tu pareja necesita tu presencia, tu mirada, tu intencionalidad.
Por ningún motivo dejes que se sienta sola estando a tu lado.
No es la celebración de aniversario una vez al año en la costa, ni la salida a comer cada tres meses.
Es darle una loratadina cuando estornuda, o decirle “¿Qué te pasa?” cuando suspira con la mirada perdida.
Necesitamos más amor en casa. Más presencia. Más celulares apagados y chimeneas encendidas.
Más conversaciones, salidas a comer un helado barato, chistes, preguntas, abrazos.
Más elogios, menos chismes.
Más perdón.
Más generosidad con el que está en el semáforo con el estómago vacío.
A la larga, ese es el evangelio que le estamos predicando a nuestros hijos.
