
Recuerdo el impacto tan negativo que me causaba ver parejas felices en Instagram, mientras mi matrimonio se estaba desmoronando. Me preguntaba porque yo no había tenido la fortuna de tener una buena relación.
La realidad de la que no somos conscientes, es que las redes sociales contrastan agudamente con la vida real. Esta generación vive el peso de la comparación sin que se les haya dado la perspectiva necesaria para ver el cuadro completo. Y de eso nace la ingratidud, de la comparación.
Creemos que la vida de las personas es tal cual lo que vemos en las redes: esposos 100% enamorados, besos, abrazos, dinero, viajes, cero celulitis, ¿pero sabes? Nada más alejado de la realidad. Lo que vemos en Instagram es una minucia comparado con la vida real. Cada pareja con la que hablo vive situaciones desafiantes, problemas de infidelidad, crisis económicas, desconfianza, mal carácter, etc… No creas que hay matrimonios, ni vidas perfectas.
Alguien puede subir una foto glamurosa en la playa, mientras en realidad está cocinando con unos rulos en el cabello, como los de Doña Florinda. No compares tu vida, ni tu relación con la de nadie.
