
Solo hay dos cosas a las que le tengo pánico: quedarme encerrada y dañar otro matrimonio o el mío a causa de la infidelidad.
La infidelidad siempre tiene justificación:
¿Cómo no va a ser fácil sentirse atraída hacia un hombre que te dice que estás linda, cuando tu esposo no te voltea a mirar?
Caer en esta trampa es muy fácil porque la novedad excita, pero oculta imperfecciones. Estar en otra relación causa adrenalina y eso es fascinante. Para el infiel la otra persona es perfecta. Así de simple. La dura realidad viene después. Cuando se levanta al lado de alguien que apenas comienza a conocer, que no es perfecto, ni lo va a ser y por quien destruyó un hogar y peor aún, el corazón de sus hijos.
La infidelidad empieza con pedir un número de teléfono, o enviar una solicitud de amistad. Es en esos momentos donde Dios me ha enseñado a pensar con cabeza fría. Es como si yo pudiera visualizar el futuro: veo todo lo que perdería por no ser capaz de tener control propio. Esta es mi recomendación para ti hoy: escribe todo lo que perderías por ser infiel y mantenlo a tu vista.
Si soy feliz con mi esposo ¿por qué no disfrutar mi vida al lado de él? Y si no soy feliz, ¿por qué no sentarnos a hablar y solucionar las cosas?
No sé si sea tu caso, pero si estás dañando tu hogar o el de otra persona, debes acabar con esto. Si no amas a tu pareja díselo, pero no la engañes. Dejemos de vivir con máscaras creyendo que podemos pisotear a la gente. Dignifiquemos.
La infidelidad causa dolor, rechazo, amargura, enojo. Y el 100% de los matrimonios tendremos que elegir la fidelidad en algún momento, porque tarde o temprano seremos tentados.
Te dejo con lo que dice el libro más perfecto:
“Pero al que comete adulterio le faltan sesos 🧠 ; el que así actúa se DESTRUYE a sí mismo.” Prov. 6:32
P.D.:
Si a ti fue a quien hicieron daño, perdona 🤍. Un corazón tan grande como el tuyo no tiene espacio para el rencor. No te vengues. No es necesario.
