
¿Qué sería de mi matrimonio sin Dios? La verdad no sé. Probablemente no estaríamos juntos.
Los mejores momentos en nuestra relación han surgido cuando Dios está en el centro de nuestras vidas, porque amarlo a Él te transforma, te hace humilde, te despoja del orgullo y te lleva a amar de una manera genuina; sin pretensiones, ni intereses, sin envidia y sin pedir nada a cambio. Él es especialista en reparar lo que está roto y transformar los problemas en indescriptibles bendiciones.
Ese es mi sueño para todos los matrimonios. Si tienen a Jesús en el centro, sin duda lo tienen todo.
