
Dime lo que hablas y te diré qué clase de matrimonio tienes.
Hoy te reto a que seas consciente de lo que sale de tu boca. Mantén una hoja cerca y haz una cuando critiques, te quejes, mientas o digas algo ofensivo. Te puedes sorprender. Porque por lo general los seres humanos actuamos en automático y no somos conscientes de lo que decimos.
Empieza a reemplazar las malas palabras por admiración y gratitud hacia tu pareja.
Probablemente haya que revisar el corazón porque lo que sale de nuestra boca es proporcional a lo que hay dentro. Entonces tal vez sea hora de perdonar, cortar con amargura y rencor y dejar que Dios llene ese corazón de amor. Recuerda que solo si el árbol es bueno, puede dar buenos frutos.
