
Hollywood nos ha engañado, nos ha hecho creer que el enamoramiento es eterno, y nos ha velado la imagen de la realidad que todos experimentamos en el matrimonio: la decepción.
¿Quién después de casarse no se ha preguntado si hubiera sido mejor no haberlo hecho, o si debió elegir a otra persona? Creo que la gran mayoría.
Yo me lo pregunté por mucho tiempo, hasta que abracé mi realidad. Hasta que entendí que como seres humanos nunca estaremos complacidos, y que mientras comparemos nuestro matrimonio con el de otros, siempre el de nosotros palidecerá.
Hoy después de muchos momentos desafiantes te puedo asegurar: no importa donde está tu matrimonio, sino a donde llegará. Dios nos ha dado la capacidad de crear sin límites, y en el matrimonio como en la vida, no es cuestión de suerte, sino de trabajo duro. Da lo mejor de ti, ama, perdona, admira, respeta, conviértete en el mejor amigo/a de tu pareja y de repente tu historia de amor será irremplazable.
