
Imagina que estás de visita en una cárcel, y en las celdas ves a cada una de las personas que te han ofendido, incluyendo a tu cónyuge. En tu mano tienes la llave para dejarlos ir libres, pero no quieres hacerlo. Te divierte enumerar en tu mente cada una de las cosas malas que te hicieron.
Entonces, te dispones a salir de allí, pero ¡oh sorpresa! también quedaste preso, porque tu llave para salir no funciona, si no la usas para liberar a los otros.
Perdonar es dejar libre a un prisionero y darte cuenta que tú también estabas preso.
Deja de llevar cuentas de lo malo que te han hecho, y determínate a perdonar.
¿Sabías que en la Biblia dice que si tú no perdonas, Dios no te perdona? Ese mero hecho debería ser suficiente para hacer del “borrón y cuenta nueva” un hábito.
